Los pulpos son de los animales más inteligentes del océano.
Resuelven problemas.
Reconocen personas.
Aprenden rápido.
Pero hay algo que casi nunca se cuenta.
Cuando una pulpa pone sus huevos,
se queda con ellos durante meses.
No sale a cazar.
No se va.
Solo cuida.
Limpia los huevos.
Los protege.
Los mueve para que tengan oxígeno.
Y cuando por fin nacen…
ella muere poco después.
No porque esté enferma.
Sino porque lo ha dado todo para que sus crías tengan una oportunidad.
Ese es su papel en el ciclo de la vida.
Y ahora viene el nuestro.
Porque mientras ellas cuidan,
nosotros que hacemos?
Plástico en el fondo del mar.
Redes que nadie recoge.
Ruido que no se detiene.
Espacios cada vez más pequeños para vivir y criar.
Ellas no pueden hacer nada más.
Nosotros sí.
Nuestra parte no es morir por el océano.
Es vivir de otra manera.
Elegir mejor lo que consumimos.
Respetar los mares.
Apoyar proyectos que no sumen más plástico al problema.
Si ellas cuidan el futuro con su vida,
lo mínimo que podemos hacer
es no destruirlo con nuestras decisiones.
El mar hace su parte.
Ahora nos toca a nosotros.
— IMNOTIQ
0 comentarios